Cosquín Rock: más vivo que nunca

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FUENTE: LA VOZ DEL INTERIOR

La primera jornada del festival dejó la confirmación de su calidad de megaevento, con una convocatoria que superó las 40 mil personas. Buen show de Lebón, brillo de Aznar y retrospectiva de Fito. También hubo gratos momentos “piojosos”.


Si el tiempo es un efecto fugaz, como dijo Fito, seguramente hay cosas que buena parte de los que se acercaron a conjurar el 13 en el número de ediciones de Cosquín Rock no olvidará de la primera jornada. Páez volviendo al festival tras nueve ausencias consecutivas, Ciro y Los Persas recibiendo la definitiva consagración por parte del público piojoso necesitado de una banda heredera, y un impecable show del debutante Pedro Aznar, fueron algunas de las fotos de una apertura que estuvo cerca de ser perfecta, también por el imponente marco puesto por la cantidad de gente.

Con un estimado de más de 40 mil personas, el dato de la organización seguramente se quedaría corto por mucho: media hora antes de las 10 de la noche, y con Ciro a punto de subir, había una larga fila de tardíos esperando comprar su ticket e ingresar al predio que gastaba a esa hora una noche ideal. Es posible que todavía no se pueda hablar de récord, pero que la convocatoria del festival está lejos de decaer año a año es una realidad que se impone sola.

“60 años y todavía sigo haciendo lo mismo: boludear, no trabajar”. La frase fue de David Lebón, en un impasse de su lección de rock y blues, temprano y con el sol todavía pegando, aunque ya para mucha más gente que la acostumbrada para la hora. Y sí, al margen de la humorada, el del “Ruso” fue uno más de los senderos que se cruzaron en el aeródromo por obra y gracia del rock nacional o, mejor dicho, de buena parte de su historia.

De hecho, la apertura de todo lo que pasó en el escenario principal tuvo a Amel, la banda que tiene a Gustavo Spinetta entre sus integrantes. No hubo tributo, aunque nadie podría negar la cepa spinetteana del sonido que gastan.

Lebón, a su turno, visitó una parte del repertorio de Serú Girán, fantasma que sobrevoló toda la jornada con tres de cuatro exintegrantes programados en el mismo escenario. El violero, que fue compañero del Flaco en Pescado Rabioso, eligió algunas perlas del retorno de Serú en la década del ‘90: Mundo agradable, Esperando nacer o Parado en el medio de la vida. “Puedo dedicarme a esto, creo”, bromeó de excelente humor. La pregunta para esa hora era si estaba dejando los clásicos de verdad para una juntada más tarde.

La incógnita de si Aznar podría mostrar un repertorio acorde a las expectativas festivaleras quedó resuelta de entrada: está tanto más allá de cualquier imposición del entorno que eligió abrir con dos temas de Ahora, su disco más nuevo. Recién después abordaría varios cortes de Tango 4, como Mientes, Tu amor y, a los bises, un momento de tributo a Sandro con Se trata de mí en la voz del mismísimo Gitano y fondo de video de la grabación de ese track en estudio. Eramos tan jóvenes y era ayer nomás, en 1991. OK, pasaron 23 años, que para Aznar parecen menos. La ovación final puede haber sonado sorpresiva, pero no hizo más que ratificar el respeto que le guarda el rock a un bajista que excede cualquier tipificación de estilo.

No se sabe si gracias al número impar que esquivan los supersticiosos o qué, pero fue la primera vez de toda la historia de Cosquín Rock que un artista se bajó de la grilla el mismo día que debía tocar. El honor fue para Jimmy Rip, que no subió al avión en Buenos Aires por un problema de salud, y le dejó el escenario más temprano a La Que Faltaba, la banda del otro expiojo que estaba en el predio ayer, Micky Rodríguez. A propósito: o el rock nacional se está achicando, o todos los caminos conducen a Santa María de Punilla.

Buena parte del repertorio de La Que Faltaba, giró de hecho en torno al cancionero del grupo madre. Se escucharon El balneario de los doctores crotos, Chac tu chac, Fijate y Dolores, además de algunos temas nuevos, que en gran medida bucean por la corriente candombera que supo ser una de las fuentes piojosas. Eso sí, el show de banderas flameando (todas de Los Piojos) se vio recién cuando Ciro y Los Persas arrancaron con Astros, uno de los temas del nuevo disco. Por supuesto, si había una banda que presuponía pogo tupido y polvoriento, era la de Ciro. Y así fue.

Y no solamente con hits del pasado como Taxiboy, también con nuevos clásicos instituidos en el tiempo que pasó entre Espejos, su primer disco y 27, el que acaba de editar, como Antes y después. Si se hace la cuenta, son dos álbumes en poco más de dos años, por lejos la banda más productiva del panorama local si se habla de editar. Dos bandas de dos excompañeros dan como resultado la repetición de algunos temas, como Dolores, que Los Persas de Ciro también abordaron.

Un rato antes, Páez hizo un mix entre el espectáculo con que celebró el año pasado los 20 de El amor después del amor, que tiene la presencia en pantalla gigante de Charly y Calamaro, actuales y sorprendentemente cerca por la magia de la imagen digital para La rueda mágica, o a Fabi Cantilo y Celeste Carballo coreando Dos días en la vida. Con todo, lo más emocionante fue volver a escuchar la voz del Flaco, en la pista grabada de Pétalo de sal. Sublime y discreto tributo, también, a otro de los cruces que nuestro rock supo conseguir. Y Cosquín Rock recordar.

Quienes se quedaron casi hasta el final en el predio pueden hoy decir que una vez vieron tocar a (casi) Serú Girán. «Lamentablemente nuestro baterista ha muerto. Si no fuera por eso hoy estaríamos todos acá. Y yo puedo asegurar que hoy, acá, toca Serú Girán». El esperadísimo momento de la noche, con Lebón y Aznar como en los viejos buenos tiempos, sería de todas  maneras corto comparado con lo que esa multitud hubiera querído: apenas dos temas: Perro andaluz y Seminare mostraron intacta la química, pero está claro que si eligieron solamente dos es porque seguramente no habían sido muchos los ensayos en la previa.

Lo más interesante de Charly sería, con todo, su tarea como catalizador de una big band rockera ajustada hasta lo más ínfimo, y él mismo como director de orquesta. Genio y figura, García se despachó con  uno de sus tantos sets, y perlas como Plateado sobre plateado, aunque pensándolo  bien, debe haber pocas canciones del bicolor que no sean coreadas y hasta pogueadas. Con una verborragia de a ratos incomprensible, el máximo prócer vivo de nuestro rock hizo chistes, se ocupó de presentar un show que apenas varió respecto del año pasado, apenas una vuelta de tuerca sobre las trancisiones, citando música clásica, jazz y hasta la Dimensión desconocida. Lo cierto es que era bastante conocido lo que se escuchaba, solo que con versiones renovadas y hasta un cuarteto de cuerdas en vivo. García está tan identificado con el festival que, el año que no cierre una de las jornadas se hará extrañar.

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