INCONGRUENCIAS

La Argentina hoy vive momentos difíciles, y a poco que se preste atención en las conductas de los políticos dirigente y funcionarios, es posible concluir que las cosas no van de la mano del pensamiento de los protagonistas y porque no del pueblo pasivo, van de la mano de lo que se produce en los distintos ámbitos de la República.

El Sr. Presidente proyecta modificar la Ley de impuesto a las ganancias, pero no para que ese impuesto no sea aplicado a los sueldos. Cabe recordar que durante su campaña proselitista dijo que iba a derogar en ese aspecto, al tiempo que sacaba retenciones.

Hoy presiona porque presupuestariamente no le dan los números para gobernar, aclarando que se perderían unos 130.000 millones de pesos que no se recaudarían con la postura de la oposición. Pide apoyo a los gobernadores para que influyan ante los legisladores de la Cámara de Senadores y hasta para que concurran al Senado.

El proyecto del Gobierno es el que más perjudica a los trabajadores y se defiende el perjuicio para que las finanzas del Estado Nacional y de las Provincias mejore a causa del ajuste inhumano que como siempre perjudica a los más necesitados.

No se trata de posturas ideológicas que tengan como mira fundamental la equidad para que las diferencias económicas no sean tan abismales. Que los ricos no sean tan ricos y que los pobres no lo sean tanto. Lo que importa es tener dinero para gobernar demagógicamente esperando las próximas elecciones. En un país que no arranca, en vez de buscar soluciones inteligentes se suspenden retenciones y se aumentan impuestos que no son impuestos, en relación al sueldo.

Y después el señor Presidente se anima a llamar impostor a Massa porque no hace lo que él dice y culpa a los senadores mayoritarios de lo que vendrá. De lo que él hizo durante un año de gobierno siempre tiene para acusar a los gobernantes del pasado.

Algunos de los que forman parte de su frente, como el inefable Mestre, tiene frases célebres como: “Tenemos que favorecer a Cambiemos para llegar al poder con el radicalismo, en tres años. Semejando desbarajuste intelectual, para cualquier honesto, quiere decir: hagamos fuerte al PRO para que gane el Radicalismo

Pero por ahora apoya a Schiaretti en la designación del paraguas “anticorrupción”, el juez de control Hidalgo (que estuvo al borde del juicio político). Y termina sus contradicciones, cuando dice que hay que llegar al poder para dejar atrás la decadencia y la degradación institucional que han impuesto los gobiernos de Unión por Córdoba en los casi últimos

veinte años. Por ahora está en el parentesco incestuoso con el PRO., hasta que necesite el sisma político y se vaya solo.

Por último, aunque hay más pero el espacio es muy corto, no podemos olvidar al inefable gobernador de la Provincia de Jujuy, que se desnuda con sus propias palabras como el ideólogo y comandante de un Tribunal Superior de Justicia elegido por él. De su boca salió un sonido que decía Milagro Sala no sale en libertad. Y ahora en el colmo de los desaciertos, del abuso de autoridad parecido a épocas pasadas, pretende un plebiscito para que los jujeños de la calle digan si Milagro debe o no estar presa. Ya no será la Justicia la responsable, será el hombre de la calle, que al margen de toda disposición legal, le indicará al gobierno que hay que hacer con Sala. ¿Volvemos a las épocas del dedo pulgar para arriba o para abajo…?
JORGE SAPPIA OBREGON
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