HISTORIAS PARA LEER: DOS TIROS POR LA ESPALDA EN EL APOGEO RADICAL

Hoy compartiremos una historia de la que los cordobeses no hubiéramos querido que ocurriese nunca, pero que marcó un tiempo y dejó al descubierto una entramada de corrupción y lucha por el poder pocas veces antes vista.

La historia de Regino Maders, un hombre nacido en Córdoba el 9 de Marzo de 1946, fue ingeniero, profesor universitario y político de la unión civica radical, lo encontró la muerte el 6 de Setiembre de 1991 cuando tenía 45 años.

Maders fué hijo de Juan Felipe Maders y Adela Sofia Angelone. Fue el menor de ocho hermanos. Cursó los estudios primarios en la Escuela Sarmiento de la capital cordobesa y el secundario en la escuela nacional Ing. Cassafousth.

Regino Maders se graduó de ingeniero en 1972 y fue designado profesor de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de Córdoba; en esta casa de estudios fue nombrado Decano normalizador entre 1984 y 1985 y luego fue elegido decano entre 1985 y 1989. También dio clases en la Universidad Católica de Córdoba. Militante de la Unión Cívica Radical (UCR, fue Secretario del Comité de Circuito de la Seccional Séptima, Secretario del Comité Capital y Vicepresidente de la Junta Capital del Movimiento Nacional de Renovación y Cambio. Su mayor exposición pública se produjo cuando fue senador provincial por ese partido entre 1985 y 1989. Durante su permanencia en la Legislatura, fue Presidente de la Comisión de Industria, Ciencia y Tecnología y De la Comisión de Educación y autor de infinidad de proyectos. Un día antes de su muerte había estado en el acto de cierre de campaña radical, en la ex Plaza Vélez Sarsfield.

En lo que refiere a su desempeño como ingeniero sobresale su importante papel como directivo en el ente estatal Empresa Provincial de Energía de Córdoba EPEC, cargo que desempeñaba al ser asesinado. Semanas antes Maders había hecho a una denuncia pública sobre supuestos ilícitos que habrían ocurrido en esa empresa durante el gobierno del radical Eduardo Angeloz y también investigó sobre diferentes circuitos de narcotráfico. Era llamado por muchos «El senador del pueblo».

Vida privad. Estuvo casado hasta el momento de su muerte con Susana Cáceres (nacida en 1952), con quien tuvo dos hijos: Javier, nacido en 1977, y César, nacido en 1980.

Crimen: Maders fue asesinado el 6 de septiembre de 1991, cuando llegaba a su casa ubicada en calle Larrauri 3695, en barrio Residencial Vélez Sársfield de la capital cordobesa, de dos disparos por la espalda. El autor de los disparos fue Hugo Síntora, un ex policía que, en un juicio realizado 14 años después del hecho, fue condenado a reclusión perpetua en lo que se considera un asesinato por encargo, aunque nunca se individualizó a los autores intelectuales del mismo.

La abogada de la familia Maders denunció que detrás del crimen se encontraban el exgobernador Eduardo Angeloz y el exvicegobernador y diputado nacional por la UCR, Mario Negri.

Javier Llorens sostuvo que Maders era «un palo en la rueda» para el grupo que necesitaba obtener una concesión en EPEC para lograr un plan de salvataje del Banco Córdoba. Dicha denuncia fue desetimada por la Justicia. En el caso de Negri, no hubo pruebas que lo vincularan al caso. El ex diputado provincial radical Luis Medina Allende, fue acusado de ser el autor intelectual del crimen y resultó absuelto en un segundo juicio, que la prensa bautizó caso maders II, en 2008. Homenaje: En su honor el partido GEN entrega todos los años en la ciudad de Rosario, Santa Fe los «Premios Regino Maders a la Militancia y a la Honestidad», que reconoce la honestidad, el trabajo y el compromiso de los militantes.

En su provincia natal llevan su nombre una escuela técnica, una escuela primaria, una calle de barrio Cofico, un pasaje de Alta Gracia, un salón de la Legislatura y uno de los edificios de la UTN. En junio de 2014, el Diputado nacional Fabián Peralta, plantó un árbol en el «Bosque de la Memoria» del parque Scalabrini Ortiz de Rosario para recordar a Regino Maders.

SERGIO CARRERAS: El periodista recibido en la Universidad Nacional De Córdoba, en ciencias de la información y reconocido internacionalmente por sus trabajos en el colegio universitario de periodismo, en revista sur y en la voz del interior, realizó una reseña del caso Maders a 20 años de haber ocurrido el asesinato. (hoy hacen ya 26 años).

ESCRITO DE SERGIO CARRERAS

Veinte años después, qué hacen los principales protagonistas de un caso que conmocionó a la provincia.

Es una de las noches más largas que cubren la provincia de Córdoba. Se trata de una oscuridad que comenzó a extenderse en una inaccesible medianoche de hace 20 años.

Eran los primeros minutos del viernes 6 de septiembre de 1991. Faltaban sólo 32 horas para que los cordobeses fueran a las urnas para elegir gobernador por tercera vez consecutiva a Eduardo Angeloz.

En esos momentos, el ingeniero y político radical Regino Maders llegaba a su casa, al 3695 de calle Larrauri, en barrio Residencial Vélez Sársfield de la capital provincial.

Adentro ya dormían sus dos hijos, Javier (14) y César (11), mientras que su mujer, Susana Cáceres (39), miraba Canal 10.

Guardó su Renault 4 patente T015589 y cerró las puertas de reja de la cochera.

Con un maletín y un sobretodo en mano, se dirigió hacia la entrada principal de la casa. Sacó la llave para introducirla en la cerradura y, antes de girar el picaporte, lo mataron de dos disparos por la espalda. Los plomos lo atravesaron y quedaron incrustados en la puerta.

Maders había estado en el acto de cierre de campaña radical, en la ex Plaza Vélez Sársfield, el jueves a la noche.

Luego pasó por la Universidad Tecnológica, de la que había sido decano y era profesor, para conocer los resultados de las elecciones estudiantiles.

Esos y los que dio hacia la puerta de su casa fueron los últimos pasos de una vida que tuvo su momento de mayor exposición pública cuando fue senador provincial, entre 1985 y 1989.

Un veneno público. Así comenzó la larga noche de Regino Maders. Una noche que se despliega hasta hoy sobre el poder político, sobre las empresas del Estado, sobre los Tribunales, sobre los organismos de seguridad de toda la provincia de Córdoba.

Los enigmas, esos caramelos deliciosos para las series policiales y la literatura, son heridas lacerantes cuando se trasladan a seres de carne y hueso. Y se tornan en venenos cuando involucran a personajes que repercuten sobre la vida pública.

¿Qué se puede decir con seguridad sobre el caso, 20 años después, además de que Maders está muerto? Primero, que sólo una persona fue presa por el crimen.

Se llama Hugo Síntora, un ex policía condenado a reclusión perpetua en un juicio realizado ¡14 años después del crimen!

Segundo, que el Poder Judicial cordobés concluyó en que el asesinato fue por encargo, lo que significaría que las personas que ordenaron matar al ex senador todavía permanecen impunes; quizá leyendo este diario igual que usted, en la tranquilidad de sus casas.

El segundo juicio que se efectuó contra el ex diputado provincial radical Luis Medina Allende, acusado de ser el autor intelectual, concluyó en 2008– ¡17 años después!– con el pedido del fiscal de que lo absolvieran, ante la falta de alguna prueba concluyente.

Una tercera certeza es que aquellos dos disparos no sólo acabaron con la vida de un político sino que también asesinaron la confianza en un Poder Judicial maniatado por una clase política corrupta. Pocos años después, cuando la provincia se hundía económicamente, esa dirigencia nunca terminaría de rendir cuentas por sus estafas, falsificaciones, defraudaciones bancarias y peculados.

El nuevo gobernador, Ramón Mestre, quien en 1995 le ganó las elecciones a Guillermo Johnson, quien forjó su carrera política siendo nada menos que el juez que investigó el crimen de Maders, decidió que no se pondría a revisar las cuentas del pasado.

El condenado, el acusado. La noche del caso Maders no ha terminado, sigue tan viva como aquel 6 de septiembre para sus protagonistas. Son vidas que quedaron marcadas por el asesinato.

El ex juez Johnson no sólo dejó los juzgados, sino también la abogacía y su carrera política. Relata que, a los 62 años y luego de tanto estrés, trata de recuperar su vida, vivir un poco más para él y no tanto para los demás. “Quiero tener más oxígeno, hago tareas alejadas de todo lo que hice hasta ahora”.

Cuenta que está refaccionando una casa. Vive en un barrio del noroeste de la Capital y formó una nueva pareja luego de divorciarse hace 11 años.

Dos décadas después, reafirma que su trabajo como juez del caso fue “obstaculizado por un gobierno que se empecinó en que jamás llegara a la verdad, por los políticos y la cúpula más alta de la Policía, que me inventó testimonios y pruebas para tenerme un año trabajando sobre hipótesis falsas”. Johnson dice que tiene “la satisfacción del deber cumplido”, ya que pudo encaminar la investigación de la autoría material hacia Síntora. “Pero cargo la frustración de no haber llegado a los autores intelectuales, lo que fue una falla del Poder Judicial en su conjunto, que sigue teniendo esta deuda con la sociedad de Córdoba”.

El ex juez responde que sí, que tiene una convicción íntima sobre quiénes son los autores intelectuales del asesinato, pero que no pudo probarlo y que hoy es una tarea que corresponde a otras personas.

En la cárcel de Bouwer, Síntora vivió dos etapas. Antes del juicio, era el “pluma”, el líder de su pabellón de alta seguridad, el MX2. “Parecía que manejaba la cárcel”, cuenta un compañero de encierro. “No hablaba del caso porque esperaba el juicio. Recibía siempre las visitas de una hermana, que decía que tenía muchos contactos y que iba a conseguir que lo liberaran”. Luego que lo condenaron, las cosas no siguieron igual. “Se cayó anímicamente, se enfermó. Luego de que le ratificaron la condena, empezó a hablar del caso. Nos dijo que él no lo mató, que el arma con la que asesinaron a Maders fue destruida y que la que apareció después, con la cual lo condenaron, fue armada para ponerle un final falso a la investigación”.

Su familia de Cruz del Eje dijo que espera que lo trasladen a la cárcel de aquella ciudad.

El otro gran acusado, pero que salió libre, Luis Medina Allende, sigue viviendo en Tanti. Participa de algunas internas radicales locales, pero los correligionarios no quieren reunirse en público con él y dicen que hace muchos años que no tienen su teléfono.

Es un hombre difícil de ubicar. Después de haber jugado al titiritero para ayudar a su jefe, Angeloz, en 1995 no pudo esquivar la condena a ocho años de cárcel por un hecho que figurará en toda enciclopedia de la estafa que se precie: le vendió una cárcel de mujeres a un alemán, a quien dijo que sus contactos políticos ayudarían a convertirla en un casino. Si hubiera sido cierto, hoy las tragamonedas esquilmarían a miles frente a la Iglesia de los Capuchinos.

Lo que queda. Eduardo Angeloz sigue siendo una voz escuchada en el radicalismo cordobés, aunque hace mucho que evita la exposición pública. No fue posible ubicarlo para que diera su punto de vista en esta nota. Las denuncias alrededor del crimen de Maders ayudaron a herir de muerte su tercer gobierno.

Su ministro de Gobierno de aquellos días, Octavio Cortés Olmedo, recuerda que “había una especie de parálisis política en la administración debido a ese asunto. La conmoción por las denuncias del caso Maders era tan grande que era muy difícil enfrentar el convencimiento que ya tenía la sociedad sobre en quién recaía la culpa. En mi caso, declaré siete horas ante los jueces cuando me llamaron y conté que todo lo que hice fue ordenar que lo referido al caso fuera llevado al juez Johnson. No interferí en absoluto”.

Javier Llorens, un investigador que en aquellos momentos aportó datos para fortalecer la hipótesis que más creyó la familia Maders, los negociados alrededor de Epec, dice que las otras explicaciones que se dieron a la sociedad sobre el caso “lindan con el ridículo. El móvil fue Epec, donde Maders, por su posición como asistente técnico de la Gerencia de Producción, investigaba concesiones de usinas y problemas en la central Bazán. Maders era un palo en la rueda para el grupo que necesitaba obtener una concesión en Epec para lograr un plan de salvataje del Banco Córdoba. Creo que Maders no calibró bien la magnitud del huracán en el que estaba metido”.

Regino Maders es hoy una escuela técnica, una escuela primaria, una calle de barrio Cofico, un pasaje de Alta Gracia, un salón de la Legislatura, un aviso necrológico que su familia publica cada 6 de mes en La Voz del Interior y un premio que se entrega a personalidades destacadas… en Rosario.

Regino Maders es el nombre de una larguísima noche austral que vive la provincia de Córdoba. Una noche que no sospecha todavía el amanecer. Que extiende su misterio en las cuerdas del tiempo.Una noche que comenzó cuando un ingeniero se dirigía a girar un simple picaporte y acabó dando vuelta una provincia.
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