IRONÍAS NEFASTAS

Las situaciones que hoy vive el país no son producto de coyunturas políticas, económicas o de antecedentes históricos de administración del Estado, como dicen algunos arrepentidos que antes defendieron a raja tabla el actual sistema, y hoy ya han perdido la capacidad de defensa, ante evidencias de una realidad que nada tiene que ver con las promesas y la confianza dispensada en el voto que elevó a Macri.

Estas consecuencias claras, tienen razón de ser desde un prontuario sicológico, desde la moral, desde la honestidad, desde el espíritu de dominación y poder que da el dinero mal habido y desde la impunidad que sobrepasó todo tipo de Estado democrático o dictatorial.

Los gobiernos anteriores permitieron que una familia viviera sin otra ley que no fuera la del dinero, y hoy que son poder, tienen justamente el poder de perdonarse nada más y nada menos que una deuda de setenta mil millones de pesos, y algunos millones más, con el Correo Argentino…y de tener dinero no declarado en paraísos fiscales, por describir ejemplos menores.

Cuando el dinero en exceso, producto de negociados espurios, cae en manos de espíritus que desconocen lo que es la solidaridad, la decencia y la existencia del uno frente al otro (alteridad), los parámetros para vivir superan cualquier límite, transformando la conciencia en una celda hermética que no deja ver siquiera el fondo de un túnel. Es que el vil dinero se encarga de fijar en la mente la idea de que el todo en la vida es la riqueza material, que se maneja con la misma crueldad que se manejan los dictadores en la política, declamando al mismo tiempo un supuesto espíritu dirigido a hacer creer a todos que son los acérrimos defensores de la igualdad y de la equidad.

Esto se trae en el ADN, y además el niño va aprendiendo con papá que no sólo se consigue casi todo con dinero, sino que nadie resiste enfrentamiento alguno con los poderosos, ni siquiera los poderes del Estado que a veces van de la mano de los corruptos.

Si el nene anda mal en la escuela primaria, ”no anda mal porque es Macri”, si anda mal en la secundaria “no anda mal porque es Macri” (aunque no aprenda a hablar no importa, dijo Franco) y en la universidad hay muchos casos en que los egresos se producen no precisamente con estudio genuino producto del esfuerzo.

Llegar así al poder, y más aun con el voto popular, es un triunfo que adorna aquella conciencia de rejas. La adorna, no la despierta, y ese adorno sirve para seguir con el engaño interior que les deja la imagen de un camino correcto. Además el voto es el broche de oro para desmentir el tango: “Todo es igual, nada es mejor”. Porque ellos son los mejores.

Es como dar rienda suelta al espanto, violando derechos frente a los que no han caído en cuenta del hacia dónde vamos y en donde terminaremos.

Lo grave de todo es que los asesores, como Durán Barba, tienen un poder tal, que si dicen que el cielo es negro, es negro, aunque sea blanco y celeste como la bandera.

No hay que voltearlos, hay que dejar que caigan solos, como corresponde a un buen demócrata y después habrá que remar de nuevo.
JORGE SAPPIA OBREGON

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