ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE

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Cuando el espermatozoide inicia el camino natural, después de un acto de amor, de placer o de ambos, vislumbra un hecho maravilloso… engendrar una vida a veces esperada.
La unión con el óvulo trae un ser a este mundo, que no debe considerarse propiedad de la madre, como algunos especulan. Por eso la mujer carece del derecho de cortar, cual objeto cualquiera, el curso natural de la vida u ordenar su eliminación.

El hecho mágico de un bebé concebido, es utilizado hoy por el poder político, para distraer la atención popular. Así se impulsa en un país que ronda la bancarrota, la discusión o la espectativa planteada, cual imagen de una mujer frente a la “Arena antigua de los gladiadores”: ante la alternativa de que coloque el dedo pulgar condenante, que indica el sucio polvo arenoso, o se incline para iluminar a quien ha concebido, dirigiendo ese, ahora virtuoso pulgar, hacia el cielo. Así, unos llorarán la pérdida y otros, portando los trapos verdes, festejarán la acción pro muerte.

La polémica está como elemento distractor que impida ver el estado de la economía, de las finanzas, de la riqueza, de la pobreza…es decir, de las consecuencias de un gobierno que desgobierna, disponiendo de la mayoría de las voluntades políticas que tiene a su alrededor, con dirigentes gremiales que, antes de disponer un paro nacional, se juntan con los que provocan las crisis y después siguen aumentando los plazos para no “parar”, mientras el pueblo sojuzgado, que no se sabe si todavía cree en las promesas incumplidas, permanece impertérrito.

El Slogan de hoy es “Ni una menos”. Y la causa está en que hoy el aborto está prohibido y entonces algunas mujeres no tienen acceso a los especialistas matriculados, lo que pone en riesgo sus vidas. Se busca un experto legalizado para que no se muera ninguna que decide matar a otro. La preocupación es unilateral, y tiende a proteger la vida de quien quiere eliminar a otro. Y por otro lado, aparece el instinto criminal alevoso hecho acto, contra un inocente creado por ella misma, para que no viva en este mundo ni con ella ni con nadie. (Alevosía: matar sin riesgo, porque el bebé no puede defenderse ni reaccionar frente al ejecutor). En realidad, el slogan debiera ser “ni dos menos”. Así la piedad con la madre causante del hecho, debe ser la misma piedad con un inocente…puramente inocente.
El ser divino que está en el vientre de una mujer (a propósito no digo madre, por si alguna lleva un pañuelo verde) ha venido al mundo por la intervención de dos. Una aportó su óvulo, que ahora está en su cuerpo, y la vida depende de ella, pero ésta es independiente. La naturaleza lo puso allí pero sólo para darle vida propia, no para abortarlo. Que esté en su cuerpo no legitima que tenga el derecho de interrumpir el embarazo. Así como no existen casos de auto amputación siquiera de un dedo de la mano, que es un valor ultra menor que el valor de una persona, menos puede explicarse que una mujer quiera eliminar a un hijo por venir. Y el plazo de la semana catorce indica una especulación repudiable y absurda, acordando un derecho hasta una línea temporal en donde, en un lado está la vida, en el otro la muerte, con una madre hecha verdugo. Ni hablar del desprecio de la Ley por los niños Down, que son el amor hecho ser humano.

Se cuida a la mujer en cuanto a que algunas, en mínimos porcentajes, mueren por un aborto, pero se olvidan que producen un genocidio abortista porque allí mueren todos los seres engendrados.
“Madre hay una sola” frase que dignifica a la mujer como que es quien otorga el amor máximo a quien vino desde de su vientre. Sin embargo, a veces declama el derecho a eliminar algo celestial (el ser por nacer) y mientras ese hijo esperanzado cree estar protegido por el amor y el cuerpo de la madre, esa esperanza troca en un acto inhumano que sólo puede definirse como el paso del amor al odio, constitutivo de la más espantosa traición materna.
JORGE SAPPIA OBREGON
OSDE
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