OSCAR WASHINGTON TABAREZ: MAESTRO SU PRIMERA FUNCION

TABARES VDX

Él está siempre, salvo cuestiones trascendentales como las que tiene que afrontar por estos días. Si usted pasa por el predio de la Asociación Uruguaya de Fútbol un lunes por la mañana, lo más probable es que lo encuentre observando el trabajo de la selección Sub 15. Si va a la tarde, lo único que variará será que, en vez de chicos menores de 15 años, habrá adolescentes de 17, pero él volverá a estar. Y si va el martes, les tocará a los Sub 20, y a él también.

Oscar Washington Tabárez, “el Maestro”, pasa bastante horas de su vida en el complejo Uruguay Celeste, el predio de entrenamiento de la Asociación Uruguaya, que queda a pocos minutos del aeropuerto de Carrasco, en Montevideo. La zona garantiza calma y las 10 hectáreas contienen, además de todo lo necesario para una preparación de alto rendimiento, cinco canchas reglamentarias, una de las cuales es de césped sintético.

A los 71 años, Tabárez dirige a la selección uruguaya que hoy en Nizhny Nóvgorod intentará seguir haciendo historia en este Mundial y ante Francia, por los cuartos de final. Si se le preguntara al “Maestro” cuál de las dos funciones, la de entrenador de la mayor o la de supervisor de las juveniles, le gusta más, la respuesta casi segura sería que las dos se retroalimentan. Las dos son parte de su responsabilidad y a ambas las asume con la misma pasión. De hecho, del actual plantel mundialista uruguayo, 22 de los 23 jugadores pasaron por selecciones juveniles.

“‘El Maestro’ antes que nada es maestro, y ahí pueden encontrarse gran parte de las razones de por qué a Uruguay le va como le va”, cuenta alguien que conoce bastante de la intimidad de la selección charrúa.

Respeto y devoción al DT

En Uruguay lo aman a Tabárez y esa devoción guarda relación directa con sus enseñanzas y sus mensajes, más allá de todo lo que le ha brindado al equipo nacional, en especial en esta etapa que arrancó un poco antes del Mundial 2006 que los charrúas no jugaron por no haberse clasificado. Antes, había dirigido a su selección en Italia ’90.

Los jugadores le guardan un respeto máximo, que él se lo supo ganar con bondad, humildad y conocimientos. Cada vez que los futbolistas entran al predio Uruguay Celeste para iniciar alguna preparación, se encuentran con algo nuevo. Puede ser un detalle, como alguna planta o, por ejemplo, que cada integrante del plantel tenga personalizado su nombre en un vaso. La idea del “Maestro” es siempre sorprenderlos, para motivarlos, para avisar que se vuelve a empezar.

Para Tabárez, quien está en todos los detalles, la persona es prioridad absoluta, aunque se trate de la máxima estrella del fútbol. Así fue cómo en su momento buscó ayudar a Luis Suárez para que el delantero tuviera más control sobre algunas de sus reacciones.

El entrenador se ha transformado en uno de los hombres del Mundial. Sus imágenes movilizándose con la ayuda de la muleta transmiten noción de sacrificio, el mismo que hace para sobrellevar los efectos del síndrome de Guillain-Barré que lo jaquea desde hace unos años. Hoy la

enfermedad neurológica, que afecta el sistema nervioso y debilita brazos, tronco y piernas, le da cierto respiro porque avanza con un ritmo más lento que al principio.

Escucharlo hablar es imperdible, como así también la firmeza de sus gestos y la profundidad de sus ojos. En cada concepto deja una enseñanza, mientras se preocupa, con un ritmo pausado pero seguro, de encontrar las palabras adecuadas para transmitir la idea.

Ayer, en la conferencia previa al cruce con Francia, “el Maestro” atrapó en varias ocasiones, pero sin dudas una fue cuando se le preguntó cuál sería el consejo para que un país chico como Uruguay sea protagonista.

“Trabajo colectivo y organización” sonó fuerte.

La referencia a la cantidad de niños que juegan al fútbol en su país, unos 300 mil, la pasión que este deporte despierta allí y la “tragedia” que sería para Uruguay si los chicos dejaran de jugar fue parte de la explicación que se completó así: “La vida es eso, dejar enseñanzas y tender puentes. Los grandes proyectos parten de dificultades, de derrotas, de decepciones. Hay que saber qué se quiere y hacerlo de forma permanente”.

Antes y después siguió invitando a pensar. Y se marchó con garra charrúa a seguir haciendo grande a su Uruguay.

FUENTE: MUNDO D

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