CULPAS POR AQUÍ, CULPAS POR ALLÁ

Mauricio Macri descubrió que los culpables de la suspensión del partido Boca-River “fueron los barras bravas de River”.(SIC)
Más inteligente hubiera resultado que dijera: “Las piedras, de los barras que los dirigentes hemos creado, son los que provocaron el desastre”.
Esto es muy distinto a definir con términos penales, quien es el único culpable.
La piedra lanzada o los gases no son consecuencia de un hecho físico que aparece de pronto sin instigaciones precedentes. Es decir, los que vemos desde afuera y los que son verdaderos protagonistas sabemos, unos mejor que otros, que para llegar a esos extremos se han recorrido caminos de corrupción. No es fanatismo circunstancial. Atrás de todo esto está enraizada en la Argentina una fenomenal superestructura, cuyas más altas autoridades detentan los cargos más altos de la República.
Cómo se explica que durante los actos o fiestas patrias, en estos últimos tres años, no haya revoltosos cuando Macri festejaba sin el pueblo argentino a su alrededor. Allí había una decisión de poder para que nadie estuviera cerca.
Sin embargo, el día del partido había miles de hinchas de River esperando en una curva, a la vista de la policía, para bombardear el bus de Boca sin una custodia adecuada. De acuerdo a esto se descarta un descuido policial. Nadie deja que apedreen el ómnibus libremente. Si el gobierno es tan cuidadoso y no permite público visitante en los partidos, cómo puede permitir que los fanáticos, o mercenarios, esperen en un lugar clave para atacar. Una curva achicada por la gente en donde el vehículo disminuyó ostensiblemente la velocidad.
Estos razonamientos coinciden con hechos como el de un infiltrado barra de Boca que entró, el día del partido, con una señorita como si nadie lo conociera, ni siquiera la policía. No vaya a ser que formaba parte de un proyecto total dentro y fuera de la cancha, tendiente a enturbiar la fiesta programada.

Otro hecho coincidente fue el protagonizado por el Fiscal Norberto Brotto, que curiosamente allanó la cancha de River buscando pruebas para probar la reventa de entradas, y lo mismo hizo con el barra riverplatense Héctor “Caverna” Godoy, quien en su casa tenía trescientas entradas legítimas y diez millones de pesos, lo que fue secuestrado. A este fiscal lo obligaron a actuar o es el único que sabe lo que sabe todo el mundo?.
Si esos diez millones eran por ventas de los tickets, por ejemplo al valor de mil pesos, serían producto de diez mil entradas. Como este no sería el único revendedor, con ese cálculo queda a la vista que los revendedores no son solo beneficiarios de los dirigentes, son mandatarios que rinden cuenta a los jefes de la organización, es decir los presidentes de los Clubes como lo fue Macri en su momento, ahora Donofrio, Angelici, etc.

De otro modo, no habría manera de que una persona tenga en su poder tanto dinero o tantas entradas a su disposición para vender a valores que superan las recaudaciones honestas. Esto sale del club, con conocimiento de los mandamás y de la “administración”, compartiendo ganancias que roban a la Institución y al Estado.

Cuidado Macri, no vaya a ser que los que alguna vez recibieron entradas de ustedes para revender, lo griten a cuatro vientos, o muestren algún cuaderno en fotocopia, y los manden al frente.
Entonces donde está la culpa? No está en la piedra arrojada, la culpa está en los que usan, sostienen y dan vida a los barras.
JORGE SAPPIA OBREGON

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