Un campo pionero en uso de terrazas y con buenas prácticas certificadas

Cuando Alejandro Conci, Juan Climenti y Emilia Funes bromean con que son los principales productores de Punilla, porque son los únicos, lo que parece un chiste tiene asidero en la realidad. Por caso, en los registros históricos tanto del Ministerio de Agricultura como de la Bolsa de Cereales de Córdoba, no hay información disponible sobre el departamento Punilla. Tampoco hay carta de suelos. Conci estima que son clase 3 o 4, pero no lo sabe con certeza porque no hay información.

Por sus características naturales, parece un típico establecimiento ganadero ubicado en el monte nativo del norte cordobés. Y efectivamente fue concebido en su origen para albergar hacienda, actividad que predominó durante muchos años. Ahora, no es posible: la tierra pertenece a ciudadanos taiwaneses que profesan el budismo, una religión que evita el consumo de carne por compasión a los seres vivientes.

De todos modos, la característica principal de este campo es su relevancia histórica. Fue uno de los primeros en los que se construyeron terrazas con curvas de nivel para retener agua, hace más de 50 años. Ocupan aproximadamente el 60 por ciento del campo, no se cultivan y van variando de acuerdo a la pendiente del terreno.

Certificaciones

Contar con estas terrazas es uno de los puntos que les ha permitido a estos tres productores ser parte del Programa de Buenas Prácticas Agropecuarias (BPA) del Ministerio de Agricultura y Ganadería.

Además de esa práctica, los productores recibieron un beneficio económico por hacer análisis de suelos, rotar al 50 por ciento con soja y maíz, fertilizar, participar de las capacitaciones y pertenecer a grupos asociativos.

MAZORCA SERRANA. Funes, Conci y Climenti evalúan el estado del maíz sembrado en noviembre, del que esperan un rinde en torno a 80 quintales por hectárea. (LA VOZ)

Esta certificación es una de las patas fundamentales en las que avanzaron para dar respuesta a las demandas que surgieron en los últimos años en la población coscoína por las aplicaciones de fitosanitarios en zonas periurbanas. El otro sostén es el sello de Municipio Verde que recientemente recibió Cosquín y que los involucra directamente ya que son los únicos productores del lugar.

Según relata Conci, durante 13 años nunca tuvieron reclamos o denuncias. Todo se precipitó a partir de 2017, cuando un concejal por la minoría presentó un proyecto para prohibir las pulverizaciones a 1.500 metros del ejido.

SOJA. Uno de los lotes que se cosecharán dentro de dos meses, al pie del cerro Pan de Azúcar, que sobresale en el fondo. (LA VOZ)

“Ahí se despertó la alerta cuando antes nunca habíamos tenido problemas. Nos han acusado hasta de usar aviones todas las semanas cuando siempre hemos hecho todo con aplicación terrestre, y con productos banda verde”, aclara Conci.

Pero destaca que la Municipalidad no puso trabas si no que, por el contrario, los visitó y se pudo elaborar un marco de trabajo para la fiscalización y control que llevó tranquilidad a los vecinos.

ÚNICO. El campo ubicado en Cosquín es el único agrícola de la ruta 38. (LA VOZ)

El productor también resalta el apoyo recibido desde el Ministerio de Agricultura, que hasta instaló una estación meteorológica en el campo.

“A las demandas y necesidades que planteó la población, le dimos respuesta”, resume Funes.

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