JOVEN DE VILLA DOLORES RECIBE LAS SAGRADAS ORDENES DE LA IGLESIA CATÓLICA

El pasado domingo 23 de junio Agustín Sánchez, un joven dolorense que desde hace seis años es seminarista, fue admitido a las Sagradas Órdenes de la iglesia católica por el obispo diocesano de Cruz Del Eje Ricardo Araya en la Misa de Corpus Christi que se celebró en la Parroquia de Schoenstatt del barrio San Martín de la ciudad transerrana de Villa Dolores.

Agustín Sánchez se encuentra cursando segundo año de teología, su sexto año de formación sacerdotal, y a sido admitido por la iglesia diocesana de Cruz del Eje como candidato a las Sagradas Órdenes, un gran paso en la vida de Agustín, como muchos de los que viene dando en su formación.

A continuación, repasamos su vida, sus gustos, sus raíces, sus inicios en la formación, los lugares por los que pasó, y por supuesto: nos cuenta todo lo que tenes que saber acerca de su admisión, en una entrevista mano a mano.

En cuanto al llamado y vocación…

¿A qué colegio fuiste? (primario y secundario)
«La primaria la hice en la Escuela Gral. San Martin y la secundaria en la Normal D. Vélez Sarsfield, ambas de Villa Dolores y de gestión estatal. Después de la secundaria estudié Ingeniería Biomédica en Córdoba en la Universidad Nacional un año solamente. Después de eso decidí ingresar al seminario mayor».

¿Qué experiencia parroquial, pastoral, grupos juveniles tenías?
«Yo participaba del grupo de jóvenes de mi parroquia de origen (Schoenstatt). Nos juntábamos a rezar, teníamos encuentros de formación y algún apostolado como visitar a los enfermos o misionar. En el verano hacíamos un campamento o convivencia, tengo recuerdos muy lindos de eso, también participaba de las misiones diocesanas de jóvenes. Después cuando me fui a estudiar a Córdoba participé de un grupo que animaban los padres de la Sociedad San Juan. Tengo presente un retiro muy lindo que hice con ellos».
¿A qué edad fue tu llamado?
«Yo no tengo un momento en que particularmente sentí el llamado, como si fuera que Dios irrumpió en mi historia de un día para el otro. Más bien me parece que fue producto de varios signos, si se quiere, o luces que me fueron haciendo tomar conciencia que quizás Dios me llamaba a esto. De chico me sentía atraído a las cosas de Dios, pero nunca se me cruzó ser sacerdote. De adolescente, cuando participaba en mi parroquia, se me empezó a cruzar esporádicamente la posibilidad. Esto fue más intenso durante el año que viví en Córdoba, que fue cuando me anime a dejarme acompañar por un sacerdote».

¿Cómo fue el discernimiento? ¿Quién te guió?
«Yo no me animaba a charlarlo con nadie. Fue un sacerdote en la JMJ de Brasil, a quien yo no conocía, que charlando me planteó la pregunta vocacional que yo venia sintiendo hace rato y no me animaba a charlarlo con nadie. Él me escuchó y me animó a que lo charle con algún sacerdote de confianza. Lo hablé primero con mi párroco de ese entonces, el padre Juan Manuel Vega, recuerdo que terminamos esa primera charla rezándole a la Virgen, a ella le encomendé desde ese día mi discernimiento vocacional. Después comencé a entablar una amistad con los seminaristas y charlábamos sobre el tema, yo les preguntaba mucho sobre cómo era su vida en el seminario».

¿Cuándo fue que decidiste entrar al seminario? ¿Sabías con que te ibas a encontrar? ¿Qué edad tenías?
«Me decidí a ingresar en la semana brocheriana del 2014, tenía 19 años. Los seminaristas me habían invitado a compartir la semana con ellos en Villa Cura Brochero, fue una ocasión providencial para pedirle a Brochero que me ayude a decidirme si entrar o no y terminar de despejar algunas dudas conviviendo más con ellos. Un día antes de la fiesta de la pascua del Cura hablé con Monseñor Santiago, con quien ya venía hablando de hace un tiempo atrás y me acompañaba en el discernimiento, y le dije que quería ingresar ese año al seminario. Yo conocía algo de como era la vida en el seminario por lo que me habían contado los seminaristas, pero vivir la experiencia personalmente era diferente y me causaba algunos temores. Pienso que esos temores son las inseguridades humanas que inspiran los caminos de Dios, porque ahí la seguridad no está en uno, sino en Dios y hay que tener la valentía de dejarse conducir por él. Cuando tomé la decisión y lo hablé con mi familia sentí alegría y paz en el corazón, sabía que no podía quedarme toda mi vida con esa inquietud, tenía que darle una respuesta. Sentí que esa era el momento favorable de dar ese pasó y me animé. Sabía que Dios no me quitaba nada, porque él lo da todo, siempre».

¿Cómo fue la experiencia del seminario? ¿Te gustó estar en Cruz del Eje en los primeros años?
«Cuando ingrese al seminario mayor viví dos años en la ciudad de Cruz del Eje con el padre Diego Pereyra como formador, de él aprendí muchas cosas. Tuve experiencias hermosas en allí, y conocí mucha gente buena de esa ciudad. El primer año hice actividad pastoral en la Catedral y el segundo en la Parroquia del Valle, aprendí mucho de esas comunidades, sobre todo de la valiosa tarea de los catequistas. Luego pasé al seminario de Rosario, donde hice muy buenas amistades que he podido conservar a pesar de la distancia. En esa etapa tuve una linda experiencia comunitaria que me ayudó a crecer en muchos aspectos comunitarios, propios de esa etapa que llamamos discipular. Ahora vivo en el seminario de Rio Cuarto, donde me he sentido muy bien recibido desde el primer día por toda la comunidad, mis hermanos seminaristas y los formadores. En esta etapa, que le llamamos configuradora, se me invita a crecer en semejanza a Jesús Buen Pastor y sacerdote eterno, que se ofrece para dar vida. Me ayuda mucho ir a hacer actividad pastoral a la Diócesis donde voy cada fin de semana, este año particularmente, colaboro con la pastoral vocacional».

¿Qué destacas de tus estudios filosóficos? ¿En qué te ayudaron?
«Disfruté mucho estudiar filosofía. Me ayudó a tener un pensamiento un poco más ordenado y cuestionar la información que me llega. Reconozco que ahora busco conceptualizar lo que me dicen o lo que digo, ponerle palabras a todo y que esas palabras sean lo más preciso posible, lo hago sin pensarlo pero creo que es fruto de los estudios filosóficos. Me gustaron muchas materias, pero recuerdo una que disfruté mucho; se llama historia de la filosofía latinoamericana. Me ayudó a valorar esta patria grande tan rica, no solo en bellezas naturales y patrimonio cultural, sino en pensadores originales y valiosos que me hicieron relativizar la sobrevaloración que tiene lo europeo o norteamericano».

¿Cuál es el mayor aprendizaje tuyo en los estudios teológicos? ¿Te gustan?
«El estudio teológico es hermoso. Me hace tener más de cerca el misterio de Dios. Es raro porque a medida que uno más estudia se da cuenta lo poco que sabe de Dios porque es un misterio inabarcable y que, además, al teólogo más estudioso le podría dar cátedra de teología la más piadosa viejita que solo sabe rezar el rosario. Es maravilloso eso. Estudiar teología es una responsabilidad grande, porque una de las misiones del sacerdote es enseñar, y debe saber bien para guiar por el camino correcto. A la vez no debo caer en la tentación de pensar que por estudiar teología ya me las sé a todas sobre Dios. Recuerdo siempre una frase de San Francisco de Sales que dice algo así: “la piedad y la ciencia (o sea la oración y la teología) son los dos ojos del sacerdote; si no tiene uno está tuerto, si le faltan los dos ciego”.»

¿A qué lugares fuiste de apostolado? ¿Siempre en la diócesis?

«El apostolado es la actividad pastoral que hacemos los seminaristas los fines de semana. Como dije cuando estuve en Cruz del Eje hacía pastoral en la ciudad. Participaba de los grupos de jóvenes y de los encuentros de catequesis. Al estar en la Diócesis participaba de las actividades de la pastoral juvenil como los retiros Emaús y también acompañaba al Obispo cuando iba a confirmar por distintas comunidades, eso me permitió conocer mucho la realidad de la Diócesis. Luego en Rosario fui a un geriátrico un año, y a un centro de vida, otro. En el centro de vida estuve en contacto con jóvenes en situación de vulnerabilidad, allí se les enseñaba un oficio y practicaban deporte para sacarlos de la calle y evitar el consumo de drogas. Desde que estoy en Rio Cuarto voy de pastoral a la diócesis. El año pasado fui a la Basílica Ntra. Sra. de los Dolores, en Villa Dolores; y este año colaboro con la pastoral vocacional, visito algunas parroquias y participo en actividades del seminario menor».

¿Qué es lo más esencial que te marcó la vida en el seminario?
«Es difícil decir una sola cosa. He aprendido mucho en estos años de formación, no solo intelectual, sino aprendizaje espiritual y de la vida. Quizás podría sintetizar en una gran enseñanza: Dios todo lo hace bien. He aprendido con el tiempo, y sigo aprendiendo, que nada escapa al plan de Dios. Incluso de los momentos más difíciles, he tenido la gracia de ver después buenos frutos. Tengo la certeza que el Espíritu conduce a la Iglesia, incluso cuando parece que todo está mal, o nos hacen creer eso, Él está silencioso acomodando las cosas. Más de una vez he quedado sorprendido por la providencia de Dios que hace que las cosas salgan mucho mejor de lo que podría haber llegado a pensarlas yo, y nunca me ha hecho faltar algo. Me gusta mucho una frase de san Pablo que dice “Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman”. Dios nunca se deja ganar en generosidad».

¿En qué estas agradecido al seminario?
«El seminario me ha ayudado mucho a crecer en todas las dimensiones en las que se proponen: espiritual, humana, intelectual y pastoral. Le debo mucho al seminario, a los tres por donde pasé. He tenido, y tengo, grandes compañeros y formadores. Guardo especialmente el testimonio de los que al Papa Francisco le gusta decir “santos de la puerta del lado”. He conocido gente muy bondadosa y plenamente dedicados a las cosas de Dios. Una cosa muy linda de mi experiencia en el seminario es que siempre he encontrados motivos para estar alegre. Soy feliz aquí. He sido feliz en los otros seminarios por donde pasé».

Admisión Y Brochero

¿Qué es la admisión?
«La admisión es un paso previo a los ministerios (lectorado y acolitado), cuando el seminarista ya está en la etapa configuradora o de los estudios teológicos. El rito litúrgico en sí es muy rico para entender en que consiste. En él el seminarista manifiesta públicamente su propósito de recibir en un futuro el Orden sagrado y la Iglesia, en la persona del Obispo, recibe este propósito y bendice al candidato para que continúe su formación. Es un paso que implica la convicción de querer formalizar, por decirlo así, el camino vocacional delante de la comunidad cristiana».

¿Qué lugar ocupa este paso en el camino al sacerdocio?
«La admisión entre los candidatos al orden sagrado representa una invitación a proseguir en el camino de formación en la configuración con Jesús Buen Pastor mediante un reconocimiento formal por parte de la Iglesia. Resuena mucho en el corazón el carácter público de este paso, es la Iglesia la que recibe mi propósito y discierne sobre él. Porque la vocación es personal, pero no es algo privado. No es algo entre Dios y yo solamente. Sino que debo confiar en el parecer de los demás, sobretodo del Obispo y los formadores pero también de todo el Pueblo de Dios en mayor o menor medida, y dejarme ayudar por eso. Como cuando los Apóstoles hicieron una consulta pública para incorporar a Matías entre los doce mediante la imposición de las manos. Fue la Iglesia la que discernió sobre su vocación, porque en la comunidad actuaba el Espíritu Santo».

¿Qué nos podes contar acerca de la actividad pastoral de un seminarista?
«La actividad pastoral es una importante dimensión de la formación, no hay que absolutizarla porque todas son importantes, pero esta en particular es la que más pone en contacto al seminarista con la tarea de la parroquia, que es la que con más probabilidad le toque desarrollar en su ministerio sacerdotal. Pienso que la tarea de cada fin de semana nos debe hacer más misioneros, nos ayuda a volver a optar por el Reino y ayudar a que crezca, aunque a veces nos parece oculto u olvidado. Siempre compartimos en el seminario cuanto bien nos hace entrar en contacto con la gente de las parroquias y nos renueva en la vocación, incluso cuando tenemos que acompañar situaciones difíciles, porque son las que más nos hacen crecer en la caridad pastoral. Desde que estamos en Rio Cuarto podemos venir a hacer pastoral a la diócesis lo que es una gran riqueza. A mi particularmente no me fue fácil desde el principio esto, implica salir mucho de uno mismo y dejarse interpelar por el otro, ayudarlo al otro a que se encuentre con Dios y no quedarme conforme con que yo lo haya encontrado. Porque si ese encuentro no me impulsa a darlo a conocer al otro, me estoy engañando a mi mismo».

¿Cómo es tu función pastoral actual? ¿Cómo se describe?
«Mi pastoral actual consiste en ayudar con la pastoral vocacional. Es una tarea que tiene mucho de siembra, de intentar que los jóvenes se cuestionen sobre el plan de Dios para sus vidas. No significa que se haga “propaganda” de la vocación sacerdotal, nadie convence sobre esto, es un llamado de Dios, eso lo tenemos claro. Es más amplio que eso. En los encuentros, con niños y jóvenes sobre todo, debo anunciar que Dios los ama y fruto de ese amor tiene una misión para sus vidas, una vocación que los va a hacer plenamente felices, no podría ser de otra manera porque viene del Amor. Si es algo más especifico, si les presento esta opción de vida a la que Dios llama a algunos varones a consagrarse totalmente a él en el servicio a los hermanos. A veces solo mostrándole que a mi me hace feliz esto, sin decir palabras. Convencido de que todo joven cristiano debe preguntarse, al menos una vez en la vida, seriamente si Dios no lo querrá sacerdote. Después el resto del trabajo es del Espíritu Santo (y del párroco o algún acompañante espiritual)».

¿Con qué Brochero te identificas en la admisión que vas a recibir?
«Pienso que a Brochero le gustaba ser útil a su gente, no por un mero utilitarismo, si no en un servicio auténticamente evangélico. Como por ejemplo cuando estaba en Córdoba, sabía que ahí no hacía mucho y en Traslasierra lo necesitaban entonces se volvió al Tránsito. Era un hombre de muchas iniciativas para acercar a sus feligreses a Dios, sabia discernir que cosas eran las que Dios quería para su pueblo. Le pido al Cura que me contagie de eso, de poder percibir por donde va soplando el Espíritu para andar por los caminos que quiere Dios para mi vida y tener iniciativas creativas para que los demás se acerquen a Dios, sobre todo los jóvenes».

De Brochero, ¿Qué es lo que más te despierta devoción al Santo Cura?
«Me despierta devoción al Padre Brochero su manera de afrontar los fracasos que tuvo en su vida: el tren que no llegó, la conversión de Guayama que no logró, la ceguera que vivió en soledad. Muchas veces se piensa que a Brochero le fue bien en todo como si fuera un superhéroe, pero no, tuvo sus dificultades y a todos los afrontó como un hombre de fe. Me atrae este Brochero vulnerable, no por gusto al sufrimiento, si no porque siento que humaniza esa imagen de santidad idílica y nos ayuda a vivir con los limites humanos que tenemos todos. Le pido al cura poder vivir siempre en clave pascual las dificultades de la vida y que me inspire respuestas de consuelo cuando escucho a personas que me confían sus problemas».

¿Cuáles son las características de la admisión que crees que te van a acercar más a la gente?
«La admisión entre los candidatos al Orden sagrado tiene una impronta pública que me invita a estar atento a cómo el Espíritu Santo inspira en los demás criterios formativos que debo ir asumiendo. La tarea formativa no se limita a los sacerdotes del seminario, tengo que estar más atento a lo que me quiere enseñar Dios a través de todos los miembros de la Iglesia, en mayor o menor medida. Recuerdo que el año pasado estaba de servidor en un santuario recibiendo a los peregrinos que llegaban. Me puse a charlar con una señora y ella me dijo “no necesitamos sacerdotes que hagan muchas cosas, sino que sean cercanos”. Si bien la promoción humana se desprende de la caridad pastoral (de esto sabía mucho el Cura Brochero), antes de hacer muchas cosas, debo preocuparme de cómo ser más cercano. Dios me ayude en este desafío. Recen para que sea más bueno y cercano».

La entrevista fue realizada para el portal oficial de la diosesis de Cruz Del Eje, por Pablo Lasala, a quien agradecemos la gentileza de compartirla con nuestro portal. HORACIO SOSA PARA VDX.-

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