EDITORIAL: EL SEÑOR FEUDAL, TODO LO MANEJA

En clase de historia con la profesora Ambrosino , hablamos del feudo y del «Señor feudal «, que existía hablando mal y pronto, un vínculo que implicaba una relación de servicio. El hombre siervo se encomienda a la voluntad del Señor Feudal jurándole fidelidad y comprometiéndose a servirlo. A cambio de esta sumisión recibe protección, una manutención básica y se le permite usar bienes muebles e inmuebles que son del Señor y que lo atan al lugar.

Si de la época de la Edad Media trasladáramos a la Argentina a Señores Feudales y Siervos, estos lamentarían nuestro atraso. Llevamos décadas retrocediendo amargamente, crisis tras crisis, en una debacle que no es meramente económica. Es política y es moral. Y cada año se nos aleja más la luz al final del túnel. 

Toda la porquería solapada de pronto desfila ante nuestros ojos. Los privilegios feudales flotan en la superficie y los fanatismos serviles ya justifican cualquier cosa. Tenemos millones de ciudadanos atados a los gobernantes en un contrato de señorío que equivale a esa fuerza de choque que siglos atrás eran los que iban a las guerras y trabajaban la tierra. Hoy tampoco sirven para eso. Sólo son la fuerza de choque de gobiernos que se han convertido en máquinas de gestionar el poder. Detentan un vacío absoluto de ideas y de proyectos, no es necesario.

Para ahondar en semejanzas feudales, el poder de la casta política también es hereditario o peor: transferible a dedo. Una alternancia que a manera de la sucesión de la familia medieval va transmitiéndose el poder a sí misma. Pero estamos siendo injustos, los señores feudales nunca acumularon tanto poder.

Lo que acaba de pasar en el Congreso de la Nación es una tragedia en términos de independencia de poderes y de abuso de autoridad, pero sobre todo es una tragedia en términos de diagnóstico: no tenemos la más remota idea de cuál es la causa de nuestra decadencia.

Ya que estamos en fecha, pidámosle a los reyes magos que nos paguen todos los vencimientos del 2020. ¿Acaso se acabarían nuestros males? No. El déficit, los impuestos y el ajuste son la consecuencia y no la causa, y por eso los reyes magos pagaría por nuestras deudas en vano. En poco tiempo volveríamos a fracasar porque aunque confiscáramos todos los bienes de todas las empresas y expropiáramos todos los campos y fuéramos casa por casa a revisar las latas de café y debajo de los colchones para tomar hasta el último billete verde que existe en Argentina, la malaria igual vendría, inevitablemente. 

SIN RAZONAMIENTOS LÓGICOS

No tiene sentido que expliquemos que las retenciones al campo (que es, en última instancia, el sector que mantiene este supuesto que llamamos “desarrollo social”), son perjudiciales y que van a enterrar a la gallina de los huevos de oro. Porque la filosofía es que no habiendo gente que se beneficie esto será beneficioso para los menos beneficiados. No busquen la lógica, no la hay.

Periodistas, políticos, dirigentes, celebrities de programas de concursos o cocineras de tv, se piensan que la riqueza sale abriendo una canilla o haciendo un pozo en la arena y que lo único que hay que hacer es distribuirla equitativamente. ¡Ah pero qué inteligentes son! ¿Cómo no se nos había ocurrido? 

Y esta demostración de arcaica ignorancia está presente en absolutamente todos los partidos representados en el Congreso. Por eso no pueden hacer otro diagnóstico y sólo se diferencian en que unos quieren distribuir la riqueza en 48 hs y otros prefieren el gradualismo. La causa de la debacle moral es que hemos aceptado que no tenemos otros derechos que los que nos otorga el Señor Feudal, los Señores saben lo que nos conviene y nos lo van a dar en la manito si nos portamos bien y no levantamos la cabeza. ¿O es que acaso no vemos que los amos se están ocupando de cosas más importantes? 

Pero aunque hagan la ley de solidaridad , hay una ley que funciona más allá de lo que publiquen en el boletín oficial: la ley de las causas y de sus consecuencias. Aunque no nos guste.

No entendemos ni comprendemos el alcance de nuestros derechos. El nuevo gobierno ante el abismo de las cuentas públicas podía elegir entre recortar el gasto o subir impuestos, se decidió por lo segundo porque se sabe Señor feudal y nos reconoce siervos. Ha explicitado que la farsa de la solidaridad es sólo eso, al salvaguardar del ajuste a los entrenados y asegurándose que la fuerza de choque que son los gremios amigos queden exentos. Nos asumimos como casta inferior y así nos tratan.

El sistema fiscal de la Edad Media era difícil de organizar, guerras, pestes y sequías hacían que el equilibrio fuera muy finito y los señores cobraban lo que podían. Si eran flojos los otros señores se los comían en dos panes pero si se pasaban de rosca la gente moría o huía. Por este motivo los sistemas de señorío ataban a los siervos a la tierra, hoy en Argentina eso se llama cepo, dólar desdoblado y Bienes Personales. El castigo desproporcionado a los que han  tenido un mínimo éxito trabajando es el mensaje más claro que nos han mandado. 

Todos los gobiernos hacen de las consecuencias las causas y todos dan el mismo mensaje: no es mi culpa, no me quedaba otra, la solución es subir impuestos. Si los que prometieron bajar el gasto público lo subieron… ¿Por qué lo van a bajar los que hicieron del crecimiento del Estado su Biblia? Todo el debate se reduce a quiénes soportarán la presión fiscal que nunca baja.

INMOVILIDAD SOCIAL

Dentro de las características de la sociedad feudal , encontramos la inmovilidad social. Ricos y pobres, Señores y Siervos lo eran por nacimiento, eran condiciones estancas y no se podía salir. Nacías Señor y así vivías gracias a los privilegios legales que el poder te otorgaba. Pues bien, en Argentina y por ley del Congreso, se castiga al ahorro, a la producción y al beneficio obtenido con el trabajo, pero a cambio se otorgan privilegios impositivos a los sectores más ricos de la sociedad. Esto asegura la inmovilidad estamental más retrógrada y liberticida que hayamos vivido. A esto llaman ser solidarios.

Necesitan que aquellos que están pobres jamás salgan de la pobreza, necesitan de esta sociedad estamental y legislan para eso, con el descaro de poner por escrito privilegios mafiosos. El slogan de los pobres funciona muy bien en la narrativa emocional, las personas están obligadas a leerse en una guerra contra otras, es la simbología perfecta para el relato de la desigualdad. Es necesario que ese relato conmueva la ilusión colectiva, entonces quienes cobran del Estado diez veces más que un jubilado dicen: “nosotros” como si eso les asegurara la pertenencia e identificación con sus siervos.

Señores que condenan al mérito y al esfuerzo, temerosos de que estos valores los despojen de sus títulos nobiliarios. Ni un sólo diputado gritó que no se debe disponer de aquello que es propiedad de otros. Ni uno se gritó diciendo que no se puede por ley, obligar a ser solidarios. Ni uno dijo que renunciaba a su dieta para no seguir aumentando pobres. Simplemente, porque se saben Señores. (PABLO GUERRERO PARA VDX)  

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