LA DISTOPÍA ACTUAL

La “distopía” (“lugar malo”) es el término opuesto a utopía; es así que propone un mundo imaginario que se considera indeseable, en el cual las contradicciones políticas e ideológicas son llevadas al extremo. De esta manera, se anticipan ciertos métodos de conducción de la sociedad que se traducen en sistemas injustos o crueles. A partir de allí, se deriva lógicamente a un régimen totalitario, que reprime al individuo y sus libertades en procura de un “supuesto” bienestar general, que no es tal. En esto consiste LA DISTOPÍA de autores como Zamiatin u Orwell.

Por todo lo mencionado, es preocupante cuando traemos a colación las novelas distópicas para referirnos a la Argentina actual. Tal inquietud, sin embargo, se fundamenta en situaciones que nos alertan sobre un futuro cuya probabilidad de ocurrencia aún no podemos valorar, pero que podría ser el que posiblemente afecte a nuestra descendencia.

La “grieta” y la inequidad política – social, la intención de legislar sobre el negacionismo, el auge y aumento de la droga, la pérdida de valores, la historia malversada por la posverdad o el “relato”, la indisciplina y la violencia social, el concepto de autoridad y las instituciones quebradas, la ley del aborto, la manipulación genética, el control o accionar de los medios de comunicación “idiotizantes” como agentes de la contracultura, el manejo discrecional de la justicia, la ideología de género, el vilipendio a la Iglesia, la generación de ciudadanos “mutantes” que ni estudian ni trabajan, pero se drogan (presentes en ficciones literarias y el cine), el avance del estado sobre la propiedad privada y la educación de nuestros hijos sin injerencia familiar, la falta de respeto a las tradiciones y cultura nacionales, hasta la pretensión de modificar el lenguaje (como en “1984”)…en fin… todo esto, sumado a la incapacidad de una clase dirigente, en general, que no supo o no quiso, procurar el bien común de la sociedad argentina, nos debe hacer pensar que los dos autores podrían resultar proféticos. Y, entonces, debemos sí preocuparnos.

La pretendida “utopía revolucionaria” de aquella juventud “setentista, maravillosa e idealista”, parece haberse encaminado paulatinamente hacia la “distopía revolucionaria” argentina, gracias a aquellos jóvenes, hoy adultos delincuentes consumados que cambiaron el monte, la bomba y el fusil por la política, los negocios, la cultura y la comunicación social,nuestros actuales dirigentes.

Esta gente que se acercó y propuso » un mundo feliz» engañando a todos con su noción de utopía, nos entregan un país distopico, parafraseando a Joan Manuel Serrat, » entre esos tipos y yo, hay algo personal». (PABLO GUERRERO PARA VDX)

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