SHHH!! NO ME HABLEN DE ECONOMÍA

Entusiasmado por las encuestas que muestran una amplia adhesión al encierro, pero temeroso de que un aumento de los contagios desfonde el precario sistema de salud, ve cómo la economía se deteriora, pero sigue negándose a abrir fábricas y comercios. Anteayer proclamó el mantenimiento por 15 días más de una parálisis productiva que será cada vez más difícil de sostener.

Sus dudas sobre la vuelta a la normalidad se acentuaron el pasado viernes 3. Ese día recibió a la industria, al comercio y a la CGT que le pidieron una pronta puesta en marcha de la actividad. Gobernadores e intendentes le hicieron un reclamo similar.

De esos encuentros surgieron las versiones sobre una inminente flexibilización del encierro, a pesar de que Fernández, presta más oídos al comité de “científicos” que a los economistas. Pero las cosas cambiaron rápido. Ese mismo viernes se produjo un hecho que golpeó al gobierno: las aglomeraciones frente a los bancos de jubilados y aquellos que cobran planes sociales. Fue un mazazo a la cuarentena.

Ante esa compleja situación el gobierno comenzó a recoger el hilo y a hablar de un endurecimiento del encierro con mayores controles policiales. Un intento de asustar a una sociedad que está dando señales de agotamiento.

También anunció algunos paliativos al confinamiento: levantarlo en provincias con pocos casos, por actividades o confinar sólo a los adultos mayores.

Agita la antinomia entre salud y economía porque será su única coartada cuando la segunda llegue al fondo del pozo. “No me corran con la economía. Yo estoy tranquilo sabiendo que salvé las vidas que pude salvar”, repite. 

Es llamativo su uso de falsas contradicciones. Cuando estalló el escándalo por sobreprecios en la compra de alimentos, intentó justificarlo alegando que Daniel Arroyo se había encontrado con el dilema de pagar de más o hambrear a los que alimenta el estado. Pero después suspendió el pago con lo que no quedó en claro el porqué de la urgencia.

Ese episodio puso además de manifiesto el carácter aluvional del gobierno. Hay en el ministerio más importante para hacer clientelismo tres grupos: el de los intendentes, el de los ex piqueteros y el de la Cámpora. Los que perdieron más funcionarios por el escándalo fueron los intendentes de los que depende Fernández para controlar la paz en el conurbano. Son los que pusieron orden después del tumulto inicial de los jubilados en los bancos. 

Esa inquietud coincide curiosamente con la de los grandes empresarios que no serán los más perjudicados por el parate absoluto. Sí lo serán los medianos y chicos que verán destruido su capital de trabajo y no podrán reabrir cuando Fernández los habilite. No se sabe cuántos empleos serán destruidos por la radicalización de las medidas sanitarias.

El gasto fiscal crece por la pérdida de recaudación nacional y provincial y el auxilio a las empresas privadas para que paguen sueldos también. El déficit se cubrirá con emisión, lo que ya produjo cortocircuitos con en el BCRA. La inflación superaría muy cómodamente el 53% de 2019. El dólar, a pesar del cepo, ya empezó a registrarlo. Se entiende por qué el presidente no quiere que le hablen de economía. (PABLO GUERRERO PARA VDX)

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