AL TOTALITARISMO SIN ESCALAS

La intención de las normas no es necesariamente igual al efecto que generan. El camino de juzgar normas por sus intenciones se paga caro y engendra peligros inmediatos. La obediencia absoluta a los gobernantes, que no respetan la institucionalidad de las garantías constitucionales, ni los organismos de auditoría, nos empuja al totalitarismo. Estamos a pasitos de barbaridades como que, para cuidar nuestra salud, el Estado se adjudique el derecho de prohibir la comida chatarra, después de todo: ¿cuántas muertes causa por año? ¿Y si mañana los comités de expertos (que tanto poder han obtenido en este año) dispusieran qué cosas podemos comer y beber según nuestra masa corporal? ¿Cuánto falta para que en el Congreso se establezca por ley un índice de regularidad intestinal para preservar la salud pública? Hemos escuchado a miembros del poder legislativo decir que la extracción de plasma debería ser obligatoria: ¿si se hiciera una campaña mediática y un poco de presión del gobierno: cuántos diputados votarían esa ley? Y peor: ¿cuántos obedecerían sin chistar esas normas?

La novela de las vacunas tiene que servir para entender a qué tipo de comparsa estamos obedeciendo sin chistar. Entregar nuestra capacidad individual para tomar decisiones respecto de nuestra salud es tan disfuncional como permitir que un gobierno que se elige, simplemente, para administrar impuestos, tenga la potestad de decirnos cómo vivir nuestra vida. Es usurpación pero también es entrega de la responsabilidad individual, la responsabilidad sobre la propia vida sólo es posible si tenemos el control de ésta, cuantas más decisiones estén tomadas de antemano por el Estado, menos responsables somos y las consecuencias estarán más socializadas. Más obediencia, menos responsabilidad. Es una elección.

¿Queremos vivir tratando de evitar toda enfermedad (nuevos virus, nuevas cepas, más peligrosos o lo que sea) siguiendo los dictados de un burócrata? Esa es la pregunta que nos deja el oscuro año 2020. ¿Somos capaces de elegir/decidir/especular por nosotros mismos el riesgo? ¿O vamos a soportar pasar una vida aislamiento, desempleo, inmovilidad física y terror al contacto? Si mantenernos vivos dependiera de la sumisión a la discrecionalidad del gobierno, ¿lo aceptaríamos?.

Las enfermedades y los peligros no van a desaparecer por más voluntad que se ponga a la redacción de las normas. Pero además: ¿hemos sido consultados o al menos informados sobre el número de contagios óptimo para que podamos tener una vida normal? ¿Suprimir por completo la muerte por covid a costa de morir por otras causas y de vivir amargamente es algo que hemos elegido? ¿Está el totalitarismo por enfermedad propuesto en alguna plataforma política?. No hace falta que hablemos de vacunas, por que ya hemos sido vacunados.  (PABLO GUERRERO PARA VDX)

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