SIN AULAS, SIN EDUCACIÓN

La educación popular que le quitaba el sueño a Sarmiento iba mucho más allá de la alfabetización o la enseñanza de un oficio, y tal vez esto sea la clave del odio que provoca: para Sarmiento la educación era la llave en que se basaba el crecimiento de la economía asentada en el emprendimiento personal. Promulgaba la formación de una sociedad de oportunidades al alcance de hombres y mujeres independientes.

Las décadas que siguieron a la gesta de Sarmiento vieron una Argentina creíble para el mundo y posible para sus habitantes y para los que llegaban en busca de mejora y ascenso. ¿Qué significa esto? Que en una sociedad de caudillos e ignorantes, el instrumento político integrador que fue la educación se tradujo en movilidad donde los hijos estaban mejor que sus padres. Así de simple, nada más nada menos. Algo que nosotros no podemos ni imaginar.

Hoy, las aulas vacías son el colofón de una ideología que cree que el mérito causa discriminación social. Para ejercer verdadera rebeldía, rebatir una afirmación o apoyarla, se requiere práctica y unas mínimas bases de conocimiento. Discutir un razonamiento es  imposible si se carece de educación. Bajo el hechizo del culto a la pereza sólo se consiguen insultos y grieta. Será por eso que con la misma pandemia, bajo las más diversas circunstancias, en todo el mundo se imparten clases, mientras los niños argentinos le dicen adiós a las aulas.

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